Un pequeño jardín

Un día un demonio se posó sobre mí y me llevo
a una profundidad oscura.
De un espacio desconocido una voz me pregunto:
qué es lo peor que puede pasar

Entonces me deje morir

Te propongo querida hermana el inicio de un viaje que te llevará a encontrar un tesoro infinito, tu pequeño jardín. Este viaje lo inicias entrando a la cueva de la oscuridad, dejas atrás tu férreo control sobre las cosas y caminas hacia el mayor miedo. Todos los caminos del héroe comienzan así.

A medida que vayas adentrándote te encontraras con un tipo de viento que es como un animal infinito, tienes que saber que es suave pero persistente, y esa persistencia intentará una y otra vez que tu demonio se vuelva a posar sobre ti. Aprovéchalo. Y vuelve a intentar. Eso te enseñará la humildad más grande, la que comienza desde ti.

Recuerda que para poder acompañarte a ti misma es necesaria una actitud de gentileza y gratitud hacia la vida. Recuerda que en la transformación eres sagrada,

Eleva tu claridad
Agudiza tu escucha
Construye tus cimientos
Se dócil
Déjate caer, para recordar cómo es volver a levantarte.

Honra tu proceso,
Haz una reunión con todos tus dones y celebra la singularidad topográfica de la oscuridad. Invita a tu familia del corazón. No debe faltar el intercambio:

El fuego padre, milenario, dándonos la clarividencia, la alquimia de la transformación y la tibieza para la noche fría.

La tierra madre, primitiva, sosteniéndonos en sus brazos, dándonos la creatividad de la vida, la dulzura de los olores y sabores, enseñándonos el ciclo del amargor del fin.

El agua hermana, tranquila como un lago e incontrolable como una tormenta, compañera arrulladora que sabe de vidas pasadas.

El aire hermano, con la sabiduría de la vibración, mensajero de todos los animales, plantas, montañas y ríos.

Cuando nazca en el centro de tu corazón un pequeño brote, silencio entre pensamiento y pensamiento, no lo desatiendas, invoca la sutileza y el amor, este es el comienzo de tu jardín. Dale fuego, dale tierra, dale agua, dale aire. Ahora eres tu maestra.

Cuida tu pequeña presencia, déjala crecer

Muere siempre que sea necesario, haz un duelo por quien fuiste, déjate ir, prende una vela, haz un pequeño hoyo en la tierra, entierra una flor; y vuelve a tu pequeño jardín. Baila, amplia tú alma, canta, eleva tu pecho.

Conserva la fuerza sutil de la escucha como tu primer poder, conecta con tus cimientos, y vuelve a tu pequeño jardín.

Durante tus días recuerda construir un tiempo de refugio, la meditación. Y como un animal que hiberna, reposa. Junta las palmas de tus manos junta las palmas de tus pies, fricciónalas entre ellas, genera energía para ti misma. Respeta los tiempos de retraimiento, incentiva la escucha, resalta un movimiento y una forma, crea un contraste.

Recuerda, olvida, recuerda, olvida, recuerda; y vuelve a tu pequeño jardín.

Siempre busca en tu memoria sensible y cuando el viento de las alturas profundas regrese, ten autodisciplina, esa que se sostiene desde tu corazón, vuelve a recordar antiguas resonancias, las más primitivas, ríete con el demonio que se posa sobre ti y siente el maravilloso estado de presencia: tu pequeño jardín

Con amor, Flor